Hoy, al final de la tarde, el Sol se pone sobre la península con un trozo de menos, y en una franja que cruza el norte de España desaparece por completo. La banda de totalidad entra por Galicia, atraviesa Asturias, Cantabria, el País Vasco, el valle del Ebro y el Levante, y sale por Baleares.

Los tiempos de totalidad, medidos con el motor de este sitio:

  • A Coruña, 1 minuto 20 segundos. Máximo 19:28, con el Sol a 12 grados de altura.
  • Oviedo, 1 minuto 51 segundos. Máximo 19:27, Sol a 10,3 grados. Es la más larga de las que aquí se listan.
  • Bilbao, 36 segundos. Máximo 19:27, Sol a 8,3 grados.
  • Zaragoza, 1 minuto 27 segundos. Máximo 19:29, Sol a 6,1 grados.
  • Valencia, 1 minuto 6 segundos. Máximo 19:32, Sol a 4,6 grados.
  • Palma, 1 minuto 39 segundos. Máximo 19:31, Sol a 2,6 grados, casi tocando el mar.

Todas las horas en hora peninsular. Fíjese en la última columna de altura: esta es una totalidad al ras del horizonte. En Palma el Sol estará a menos de tres grados, lo que significa que cualquier edificio, cualquier monte, cualquier banco de nubes bajo puede quitarle el espectáculo entero. Quien viaje debe pensar en el horizonte tanto como en el reloj.

El máximo del eclipse no está aquí. Ocurre a las 19:45 hora peninsular sobre el Atlántico, a 65°13' norte y 25°15' oeste, al suroeste de Islandia, donde la noche dura algo más de dos minutos con el Sol a 26 grados. La sombra baja del Ártico, corta Groenlandia e Islandia, cruza el océano y llega a la península con el Sol ya muy bajo.

Y hay un detalle del borde de la banda que merece contarse, porque es el asunto de este artículo. El límite suroeste de la totalidad pasa rozando el rincón nordeste de Portugal: alcanza unas pocas aldeas del municipio de Bragança, entre ellas Rio de Onor, donde la totalidad dura unos 35 segundos. La ciudad de Bragança, veinte kilómetros al suroeste, se queda fuera por 0,06 por ciento de obscuración. Es una frontera que se cruza a pie.

En el resto de Portugal el eclipse es parcial y muy profundo: 99,94 por ciento en Bragança, 98,21 en Oporto, 94,45 en Lisboa, 92,66 en Faro y 77,43 en Madeira.

Aviso obligatorio: un Sol tapado al 94 por ciento quema la retina exactamente igual que un Sol entero, y a poca altura sobre el horizonte también. Filtro certificado, o proyección sobre una pared. Nunca a ojo, ni con gafas de sol, ni con radiografías.

Lo esencial, si no quiere el resto

La delineación viene después, con las fuentes a la vista, pero esto es lo que da para llevarse:

  1. Un eclipse no es un golpe, es un horno que se enfría despacio. La imagen es de Cardano, y por eso estos autores nunca leyeron un eclipse como noticia de un día. Para este, la regla antigua da cerca de un año y diez meses, o sea hasta mediados de 2028.
  2. Este eclipse tiene un asunto definido, y su dueño está fuerte. Cae en Leo, que es el signo del Sol, así que quien lo gobierna es el Sol mismo, en casa propia. Los asuntos del Sol son la autoridad, quien manda, el padre, lo que ocupa el centro de un grupo, lo que se muestra. Lo que se apaga hoy es el dueño de la casa, dentro de su casa.
  3. Leo es signo fijo, y para los signos fijos la tradición lee cimientos y edificios. No lo que cae del cielo, sino lo que ya estaba asentado, lo construido para durar, lo que nadie cuestiona porque ya está ahí.
  4. La escala es colectiva, no personal. Cardano es explícito: los eclipses obran con más fuerza sobre ciudades, provincias y reinos que sobre personas particulares. Quien le pida a un eclipse el pronóstico de su vida privada le está pidiendo al instrumento algo que no mide.
  5. Es profundo en obscuración y débil en posición. En la escala con que Cardano ordena las casas de la carta por fuerza, este eclipse cae justo en la zona que él llama menos eficaz. Las dos cosas cuentan a la vez.
  6. Y es de arranque tardío. Por la regla de Ptolomeo, un eclipse que ocurre del lado del poniente, como este sobre la península, empieza a dar señal solo hacia el final del primer año, con el peso en la parte final del periodo.
  7. El porcentaje de Sol tapado es una medida, no una curiosidad de viajero. Es la regla con que la tradición estima la extensión de lo que se lee. Por eso la península no tiene hoy una sola lectura: va del 100 por ciento de la banda al 77 de Madeira.
  8. Hay un punto en que estos textos son duros, y es el grado exacto. Lo cito más abajo en lugar de esconderlo, con los tres límites que los propios libros le ponen.

Y para cada lector, la única pregunta que aquí es útil: el grado es 20°02' de Leo, y lo que importa es qué casa de su carta es esa y qué viene pidiendo.

Qué es un eclipse para esta tradición

Vale empezar por aquí, porque la idea corriente es que un eclipse es un mal presagio, y no es eso lo que dicen los textos.

Girolamo Cardano, médico y astrólogo de Milán, escribió en el siglo XVI más de mil aforismos, y Lilly publicó dos siglos después una selección en inglés. Uno de ellos describe el mecanismo en tres capas, y es la mejor descripción breve que conozco:

Un eclipse tiene un efecto triple: primero poderoso, por razón de la conjunción u oposición en que ocurre; segundo general, porque se enfría lentamente, y en ese aspecto se extiende por mucho tiempo; tercero, el poder que recibe del señor del lugar donde ocurre y de las otras posiciones de aquel momento.

Se enfría lentamente. No es un golpe, es un horno que se apaga despacio. Por eso estos autores nunca leyeron un eclipse como la noticia del día y siempre como asunto de años.

Y hay un segundo aforismo de Cardano que debería estar impreso en todo artículo que se escriba sobre eclipses:

Los eclipses obran con más fuerza sobre Ciudades, Provincias y Reinos que sobre personas particulares de condición privada, o incluso sobre Reyes y Príncipes, porque sus efectos atienden antes a la multitud.

Es decir: el propio autor que catalogó los efectos advierte que la escala de un eclipse es colectiva, y que la vida privada de cada uno no es el escenario donde se lee. Es un límite escrito desde dentro de la tradición, no una prudencia moderna añadida desde fuera. Cardano pone otro freno, aún más explícito: ningún eclipse puede amenazar escasez o peste a la Tierra entera, y ninguna pestilencia dura más de cuatro años en un mismo lugar. Estos textos tienen techo.

El señor de este eclipse es el Sol, y está en casa

El primero de los aforismos de Cardano sobre eclipses es también el más práctico:

En un eclipse es necesario considerar la fuerza del planeta que entonces gobierna, porque serán sobre todo sus significaciones las que aparecerán.

Aplicarlo es simple y el resultado de este año es poco común. El eclipse cae en Leo, y Leo es el signo del Sol. Por tanto el planeta que gobierna este eclipse es el Sol mismo, en el signo que le pertenece. En el lenguaje del arte está en domicilio, la palabra antigua para un planeta en casa propia, con autoridad sobre el terreno que pisa. Y es de día, lo que le añade su triplicidad, una segunda forma de estar bien colocado.

Esto cambia el tono de la lectura. Un eclipse cuyo señor está débil, exiliado o en caída da una lectura de algo que se desbarata. Aquí es lo contrario: lo que se apaga es el dueño de la casa, dentro de su casa. Las significaciones que aparecen, dice Cardano, serán las del Sol, y las del Sol son la autoridad, lo que gobierna, lo que se muestra, el padre, el rey, lo que hace de centro en un grupo. No es un eclipse difuso. Es un eclipse con un asunto.

Al lado del Sol, en el mismo signo, hay tres cuerpos más: la Luna, que es la pieza que tapa; Mercurio, sin dignidad alguna donde está, lo que la tradición llama peregrino, como quien pasa por un sitio donde no tiene casa ni derechos; y Júpiter, el mayor benéfico, caminando directo. Cuatro cuerpos en el mismo signo, lo que concentra la lectura en lugar de dispersarla.

Un signo fijo, y un grado que la tradición no ahorra

Los autores mundanos clasificaban primero por el tipo de signo. William Ramesey, en el siglo XVII, resume la regla así: un eclipse en los signos equinocciales muestra sus efectos en las cosas religiosas; en los trópicos, en el aire, las leyes y las costumbres; en los signos fijos, en los cimientos y los edificios; en los signos comunes, en la humanidad y los reyes.

Leo es signo fijo. Cimientos y edificios. Es una lectura menos espectacular de lo que se espera de un eclipse y, precisamente por eso, más interesante: lo que ya estaba asentado, lo construido para durar, lo que nadie cuestiona porque ya está ahí. El registro de lo que se descubre por debajo, no de lo que cae del cielo.

El mismo Ramesey baja después al grado, dividiendo cada signo en tres caras de diez grados. El eclipse de hoy cae a 20 grados y 2 minutos de Leo, es decir dos grados dentro de la tercera cara. Y aquí la tradición no es amable. Para la tercera cara de Leo, Ramesey escribe: cautiverios, matanzas, rapiñas y la profanación de casas santas y sagradas.

Lo cito porque es lo que está escrito, y omitirlo sería fingir que la tradición es más simpática de lo que es. Pero hay tres cosas que decir a continuación, y todas vienen de dentro de los mismos libros.

La primera es que esta es la lengua de un mundo de reinos, sitios y cosechas, escrita por hombres que vieron morir a un tercio de una ciudad por la peste. Cuando Ramesey escribe «matanzas» escribe sobre el material de su siglo, y su lista se lee como un catálogo de lo que entonces ocurría, no como un horario.

La segunda es que Cardano, en el aforismo catorce, dice que los eclipses en signos de fuego, y Leo es de fuego, significan guerras y matanzas, pero que los eclipses en signos de tierra dan sequías y falta de pan, en signos de agua demasiada lluvia, y en signos de aire vientos y sediciones. Las cuatro posibilidades son graves. Un sistema en el que ninguna opción es buena está diciendo, en realidad, que un eclipse es un acontecimiento de peso, no que este eclipse en particular sea peor que los otros.

La tercera es la más concreta, y la que más pesa en este caso. Cardano ordena las casas de la carta por fuerza: un eclipse en la cuarta casa es más fuerte y eficaz que en la octava o la duodécima, y en el ascendente más que en la novena o la undécima. Visto desde cualquier punto de la península, este eclipse cae justamente en la zona que él clasifica como la menos eficaz, del lado del poniente, entre la séptima y la octava casas. Por la propia escala de Cardano, este es un eclipse profundo en obscuración y débil en posición.

Las cuentas del tiempo, y dos fuentes que coinciden

Hay una regla antigua para saber cuánto tiempo se extiende la lectura de un eclipse, y lo interesante es que aparece igual en dos autores separados por catorce siglos.

Ptolomeo, en el segundo libro del Tetrabiblos, escribe que en un eclipse solar los acontecimientos duran tantos años como las horas de la duración del eclipse. Cardano dice lo mismo con otras palabras: un eclipse de Luna extiende sus efectos tantos meses, y el del Sol tantos años, como horas dure.

Sobre la península, del primero al último contacto, el eclipse de hoy dura una hora y cincuenta minutos, es decir 1,83 horas. Por la regla, cerca de un año y diez meses, lo que lleva la lectura hasta mediados de 2028. Uso la duración visible completa, no la de la totalidad, que dura minutos y no horas.

Ptolomeo añade una segunda cuenta, para el arranque, y esa depende de dónde en el cielo prende el eclipse. Si ocurre del lado del naciente, empieza en los primeros cuatro meses. Si en lo alto del cielo, en el segundo grupo de cuatro meses. Si del lado del poniente, en el tercer grupo de cuatro meses, con el peso en la parte final del periodo. Sobre la península el Sol se eclipsa al poniente y a pocos grados del horizonte, así que cae el tercer caso: arranque tardío, hacia el final del primer año, y el peso hacia el final.

La regla es el porcentaje

Falta la pieza que une los tiempos del principio con todo esto, y es la que más me sorprendió al ir a los libros.

Ptolomeo manda empezar el juicio por la visibilidad, examinando «en particular aquellos más fáciles de observar». Un eclipse que de un lugar no se ve es, para este método, un eclipse que a ese lugar le dice poco. Y cuando llega a la pregunta de cuánta población queda abarcada, responde que eso se lee «por la extensión de la obscuración de los eclipses y por las posiciones relativas al lugar del eclipse».

Extensión de la obscuración. El método antiguo, sin efemérides al segundo y sin mapas de sombra, mandaba medir cuánto del disco desapareció y usar eso como escala de lo que se lee. El porcentaje no era curiosidad de viajero, era cantidad.

Por esa regla, la península tiene hoy los dos extremos a la vez. Una banda con la lectura entera, minutos de ella, y Madeira al 77 por ciento, claramente más afuera. Para este método esa variación no es ruido: es la información.

El resto del cielo, para quien quiera el detalle

Quien lee cartas encontrará lo siguiente. El Sol y la Luna se juntan a 20°02' y 20°06' de Leo, una conjunción partil, nombre que se da cuando la distancia es de minutos y no de grados: siete minutos de arco en este caso. Mercurio está a 5°07' de Leo y Júpiter a 9°33', directo.

Fuera de Leo, las dos piezas que la tradición suele pesar en un eclipse están ambas débiles. Marte a 0°55' de Cáncer, en caída, el peor de los lugares después del exilio. Saturno a 14°30' de Aries, retrógrado, también en caída. Venus está bien, en casa propia a 5°53' de Libra, pero camina hacia una oposición a Saturno que todavía no cierra.

Visto desde Lisboa, con casas de Alcabitius, el ascendente está a 17°51' de Capricornio y el mediocielo a 10°55' de Escorpio. El eclipse ocurre por encima del horizonte de poniente, en la séptima casa, a 3°22' de la cúspide de la octava. Doy los dos números porque la regla tradicional de los cinco grados, que esta casa de la astrología aplica, lee un cuerpo a menos de cinco grados de la cúspide siguiente ya en la casa siguiente, y por tanto en la octava. Quien abra la carta en otro programa verá séptima. En cualquier caso es la misma zona que Cardano clasifica como menos eficaz.

Sobre estrellas fijas, un detalle fácil de decir mal. Ninguna estrella brillante está conjunta al grado del eclipse. Régulo, el corazón del León, está hoy a 0°11' de Virgo, diez grados por delante del Sol, demasiado lejos. Pero el nodo sur de la Luna está a 29°50' de Leo, lo que lo deja a 21 minutos de arco de Régulo, y el nodo no es una pieza cualquiera: es la que hace de una lunación un eclipse. La tradición da a Régulo naturaleza de Marte, y varios autores añaden Júpiter.

Marte y Júpiter son, precisamente, los dos señores que Ptolomeo da al cuadrante europeo. El pasaje es literal: el cuadrante de Europa, en el noroeste del mundo habitado, es semejante al triángulo del noroeste, «Aries, Leo y Sagitario», y está gobernado por los señores de ese triángulo, Júpiter y Marte. El eclipse de hoy cae en Leo, uno de los tres signos que Ptolomeo atribuye a esta parte del mundo. De los dos señores, uno está dentro del signo eclipsado y el otro está en caída.

Lo que queda abierto

Dos cosas, y prefiero decirlas que fingir que el trabajo cerró.

El método pide lo que no tengo. Ptolomeo manda averiguar las ciudades por la carta de su fundación y por el mediocielo de la natividad de quien las gobierna. Para las ciudades peninsulares esa no es cuenta que se haga de memoria, y las fechas de fundación que circulan no tienen el rigor que el método pide.

Y sobre el borde de la banda en el nordeste de Portugal, una advertencia técnica. Las cuentas son mías, hechas con el motor de este sitio, y el límite de la sombra al nivel del metro depende del perfil de las montañas en el borde de la Luna, que ningún motor común modela. Quien viaje para ver la totalidad debe confiar en los mapas especializados y no en mí.

Y para el lector

Queda la nota que Lilly deja en Christian Astrology, y que pasa de los reinos a las personas: el signo de un eclipse cayendo sobre uno de los ángulos de una carta natal, y sobre todo sobre el ascendente, es cosa que él lee con mucha cautela. No como sentencia. Como cautela. Y Cardano, como se vio, advierte que la escala de estas lecturas es la multitud y no la persona privada.

Hechas las dos reservas, queda una pregunta que es útil y no es adivinación. El grado es 20°02' de Leo. ¿Dónde cae ese grado en su carta, qué casa es esa, y qué viene pidiendo esa casa desde hace algún tiempo? Hoy, en la banda, la luz se apaga del todo durante minutos; fuera de ella todavía pasa algo de luz por encima de la Luna. El método antiguo cuenta con eso. Mide cuánto pasó, y de esa medida hace el resto.