La semana pasada la luz fue menguando. La Luna pasó de llena a media, Mercurio entró en el brillo del Sol y dejó de verse, y Venus siguió escondida. Fue una semana para andar despacio y no tomar las sombras por cosas. Esta semana vuelve a haber una punta de luz del lado donde nace el día, pero la pregunta cambia. Ya no es lo que se ve en la oscuridad: es quién sostiene el orden de las cosas, y cómo lo sostiene.
El lunes por la noche Venus sale del brillo del Sol. Desde el martes, quien mire hacia el este poco antes de que amanezca vuelve a encontrar a Venus, muy clara, sola sobre el horizonte. Es la estrella de la mañana, la primera luz en aparecer y la última en apagarse cuando llega el Sol. Todavía anda hacia atrás por el signo de la balanza, que es su casa, pero ya está a la vista. El sábado de madrugada la Luna, ya reducida a un hilo, pasa justo a su lado, y las dos forman el dibujo más bonito del cielo de la semana.
Mercurio sigue escondido y sigue andando hacia atrás en Escorpio. El miércoles pasa justo por el corazón del Sol, y ese es el punto medio de todo el retroceso. Los antiguos decían que un planeta que llega al centro exacto del Sol no se quema: es recibido, como quien entra en la sala del rey y sale de allí con otra fuerza. El recado antiguo que se estaba revisando entra en la luz y sale de ella renovado. El domingo Mercurio empieza a salir del brillo, y el viernes siguiente se detiene y vuelve a andar hacia delante. Hasta entonces, lo que se dijo y lo que se firmó merece una lectura más antes de seguir. Este retroceso tiene un texto solo para él, con todas las fechas del camino.
Ese mismo miércoles, Venus y Júpiter, los dos planetas que los antiguos tenían por benéficos, quedan en un ángulo de amistad, ella en la balanza y él en Leo. Es un buen día para una reconciliación, para una ayuda pedida o dada, para un gesto generoso que no cuesta nada. En Leo, el signo del rey, Marte, el planeta de la fuerza, sigue avanzando hacia Júpiter, el planeta de la ley, y el encuentro de los dos queda para mediados de mes. Hasta entonces, la fuerza anda buscando quien le dé la razón. Detrás de todo esto, Saturno, el planeta del orden, de las reglas y del tiempo, anda hacia atrás en Aries, que es el signo donde tiene menos fuerza, y va frenando hasta detenerse solo en diciembre. El orden antiguo no cae de golpe: va perdiendo pie despacio, y está siendo revisado. La Luna mengua toda la semana y vuelve a nacer el lunes siguiente, en Escorpio.
Toda casa necesita a alguien que la sostenga: alguien que ponga las reglas, que guarde la puerta y que diga no cuando hace falta. Cuando esa mano es justa, casi nadie la nota, y las cosas simplemente funcionan. El problema empieza cuando el orden se pone del revés y quien debía guardarlo pasa a guardar solo su propio sitio. Tiene una sombra, y la sombra tiene dos caras. Una es la mano que se endurece y pasa a mandar a la fuerza, porque ya no sabe convencer. La otra es la mano que no acepta soltar la silla, y prefiere desacreditar la regla antes que levantarse. Una aprieta demasiado, la otra no suelta.
En el escenario del mundo aparece el mismo dibujo. Hay plazas donde gente joven acampó por una vivienda y donde, una madrugada, las tiendas fueron levantadas a la fuerza. Hay trabajadores que piden un salario que alcance y se encuentran a la policía delante. Hay un gobierno que promete devolver a los jueces su independencia y una oposición que no lo deja, y hay quien pide la dimisión de quien cuenta los votos. Hay elecciones ya hechas en las que quien perdió intenta desacreditar el recuento, y no lo consigue, y hay un país grande que va a las urnas ya el martes. Hay aviones que se preparan para volver a atacar, y hay quien sigue yendo y viniendo con recados entre los dos lados. Nada de esto obliga a nadie a nada, porque los astros no obligan, inclinan. Queda la pregunta de la semana: en el orden que yo mismo sigo y hago seguir, ¿dónde estoy sosteniendo con justicia, y dónde solo estoy apretando para no soltar?
ALMUTEM


