Los días y las horas planetarias
Hasta aquí la carta ha sido una fotografía: un instante detenido. Esta lección mira el tiempo que corre. La tradición daba a cada día de la semana un planeta, y a cada hora de cada día otro. Era la manera más sencilla de saber qué cualidad tenía el momento presente, sin hacer carta ninguna. Y sigue a la vista en el calendario que usas.
El orden de partida
Todo descansa en el orden caldeo de la lección 2, del más lento al más rápido: Saturno, Júpiter, Marte, Sol, Venus, Mercurio, Luna. Los siete se repiten en este orden, sin fin. Es lo único que necesitas saber de memoria para hacer las cuentas de esta lección.
No todas las horas tienen sesenta minutos
La hora planetaria no es la hora del reloj. Los antiguos dividían el día, de la salida a la puesta del sol, en doce partes iguales, y la noche, de la puesta a la salida, en otras doce. Las llamaban horas desiguales, porque su tamaño cambia con la estación.
En Madrid, a finales de junio, el sol está sobre el horizonte unas quince horas. Dividido entre doce, cada hora del día dura cerca de una hora y cuarto, y cada hora de la noche apenas tres cuartos de hora. En diciembre es al revés. En los equinoccios, cuando el día y la noche son iguales, todas las horas tienen sesenta minutos. Así se contaba el tiempo en casi todo el mundo antiguo, y por eso «la hora tercia» o «la hora sexta» aparecen en textos viejos sin ningún reloj cerca.
Tiene también una consecuencia práctica: el día planetario no empieza a medianoche. Empieza al salir el sol. Una persona nacida a las tres de la madrugada de un martes nació, para esta cuenta, en la noche del lunes.
El señor del día
La primera hora tras la salida del sol pertenece al señor del día, y es él quien da nombre al día entero:
| Día | Señor |
|---|---|
| domingo | Sol |
| lunes | Luna |
| martes | Marte |
| miércoles | Mercurio |
| jueves | Júpiter |
| viernes | Venus |
| sábado | Saturno |
A partir de la primera hora, las siguientes siguen el orden caldeo. El domingo: la 1.ª hora es del Sol, la 2.ª de Venus, la 3.ª de Mercurio, la 4.ª de la Luna, la 5.ª de Saturno, la 6.ª de Júpiter, la 7.ª de Marte, y la 8.ª vuelve al Sol.
Sigue contando. La 13.ª hora, la primera de la noche del domingo, es de Júpiter. La 25.ª, que es la primera del día siguiente, cae en la Luna: y el lunes es el día de la Luna. Este es el mecanismo que viste anunciado en la lección 2. Veinticuatro horas dejan siempre al señor tres lugares más abajo en el orden, y eso es lo que da la semana.
Cómo encontrar la hora en la que estás
Necesitas tres cosas: el día de la semana, la hora de salida y de puesta del sol en tu lugar, y el orden caldeo.
- Mira si es de día o de noche. Si es de día, mide el tiempo de la salida a la puesta del sol y divídelo entre doce. Si es de noche, el tiempo de la puesta a la salida siguiente, también entre doce.
- Cuenta cuántas de esas horas han pasado desde la salida (o la puesta) del sol.
- Empieza en el señor del día y avanza por el orden caldeo ese número de casillas. De noche, empieza en el señor de la 13.ª hora.
No necesitas hacerlo a mano. El almanaque del sitio muestra la hora planetaria en la que estás ahora y cuándo cambia, y tu cuenta la muestra en «Hoy, para ti». Pero hacerlo una vez a mano es la mejor manera de entender lo que aparece allí.
Para qué servía
Los días y las horas eran, ante todo, una herramienta para elegir el momento. La regla es la de la naturaleza de cada planeta, que ya conoces:
- Sol: asuntos de autoridad, honra, peticiones a quien manda.
- Luna: viajes, mudanzas, lo que tiene que ver con el público y con la casa.
- Marte: lo que pide valor y corte. Como maléfico, es una hora que conviene evitar para empezar cosas que se quieren pacíficas.
- Mercurio: escribir, estudiar, contratar, negociar, enviar mensajes.
- Júpiter: justicia, fe, generosidad, peticiones de ayuda, crecimiento.
- Venus: amor, amistad, fiestas, belleza, reconciliaciones.
- Saturno: trabajos largos y lentos, cimientos, lo que se quiere que dure; también es la hora menos propia para comienzos alegres.
Quien quería fijar una boda buscaba una hora de Venus en un día de Venus o de Júpiter, los dos benéficos, y evitaba las horas de Saturno y de Marte. Quien quería firmar un contrato prefería Mercurio. Es la forma más sencilla de un arte mayor, el de la elección de momentos, que mira también a la Luna y a la carta del instante. Pero incluso sola la hora planetaria ya da el color del momento.
La hora en la que naciste
Tu carta también tiene un señor del día y un señor de la hora: los del instante en que naciste. Algunos autores leían en ellos un condimento extra del carácter: nacer en un día y en una hora de Júpiter daba, decían, una inclinación a la generosidad; en un día de Saturno, a la seriedad.
Es un factor pequeño y no pesa frente al ascendente o a su señor. Pero es bonito, y es tuyo: la semana en la que vives todos los días empezó, para ti, con un planeta concreto.
Recuerda que el día planetario empieza al salir el sol. Si naciste de madrugada, antes de que saliera el sol, tu señor del día es el del día anterior.
Ejercicio — tu hora
Abre el almanaque del sitio y ten a mano la hora de salida del sol de hoy en tu lugar.
- Mira en el almanaque en qué hora planetaria estás ahora. ¿Quién es el señor del día? ¿Y el de la hora?
- Haz la cuenta a mano para confirmarlo: calcula el tamaño de una hora del día y cuenta por el orden caldeo a partir del señor del día.
- Averigua en qué día de la semana naciste y si fue antes o después de la salida del sol. ¿Cuál es tu señor del día?
- Durante una semana, fíjate en si hay horas que te van mejor para ciertas tareas. No es un experimento científico, es una manera de empezar a sentir el tiempo como lo sentían los antiguos.
ALMUTEM